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su amor por Diego, Riquelme y San Lorenzo

su amor por Diego, Riquelme y San Lorenzo

Hagan 40 dibujos ahí en el piso. Catriel Ciavarella, baterista de Divididos, guarda una historia muy particular tanto en la música como en el fútbol. Encontró el amor por la música de muy chico y lo compartió con el fútbol. Fanático de San Lorenzo, un habilidoso en sus tiempos de jugador amateur que tiene como ídolos a Riquelme y a Silas y hasta un hermano trabajando en el cuerpo técnico de Diego Martínez en Tigre. Como en los viejos cassettes que él aún conserva por su gusto por los autos antiguos, una charla con el lado B de uno de los bateros top de la Argentina que en sus ratos libres está armando una maqueta a escala del Pedro Bidegain.

-¿Cómo nació tu amor por San Lorenzo? ¿Es de familia?

-No, mi viejo atajó en San Lorenzo hasta Cuarta División, después atajó en Primera en Tigre, y era muy amigo de Jorge Olguín (NdeR: ex jugador del Ciclón y campeón del Mundo en 1978), que es mi padrino, pero él no me inculcó ser hincha de San Lorenzo en absoluto. La realidad es que mi viejo no es hincha de nadie, mira fútbol en general, todos los partidos, pero no es de nadie. Mi hermano más grande, que sería el del medio, es de Boca; y el más grande de Argentinos, lo que muestra un poco la libertad que había en mi casa, je. Yo me hice hincha una vez que vinimos en familia a acompañar a mi hermano a probarse y me enamoré de la remera de una manera… Vi los colores y me hice hincha.

-Tu mundo son en los escenarios, ¿qué sentís de estar sentado en la tribuna de la cancha de San Lorenzo?

-Es hermoso. Con esta cancha en particular me pasan muchas cosas. Tengo una conexión rara con las obras en construcción y las canchas, como un miedo y a la vez una atracción. De chico, cuando estaba la Platea Norte en construcción, empecé a seguir toda la historia del Viejo Gasómetro, me acuerdo que veía fotos en la revista Mi San Lorenzo Querido…

Con 11 años, Catriel ya dibujaba el Bidegain...

Con 11 años, Catriel ya dibujaba el Bidegain…

-¿Quiénes son tus ídolos de chico en el fútbol?

-Silas. Y después me gustaba muchísimo el Conde Galetto. Siempre fui muy jugadorista, a veces me atrae más el jugador que el equipo. Silas me volvió loco y Galetto, uff… Esa era la época en que más venía a la cancha, ese San Lorenzo de ’95. Y más acá, el Pipi, me agarró por ahí ya más grande y también una cuestión de características, porque siempre me gustaron los enganches así como más estáticos, pero de él me encantaba que de grande jugaba bárbaro. Entraba y jugaba siempre bien. Me pasa que no puedo soportar cuando los jugadores se retiran.

Catriel, baterista de Divididos y fanático de San Lorenzo, está haciendo su maqueta del Nuevo Gasómetro

Catriel, baterista de Divididos y fanático de San Lorenzo, está haciendo su maqueta del Nuevo Gasómetro

-¿Esa locura por las canchas te llevó a construir una maqueta?

-Sí, desde muy chico dibujaba la cancha y un día vi una maqueta de un estadio en televisión y dije: “Yo puedo hacer una”. Ahí hice la primera. Fui a una librería, averigüé todo, la madera balsa, los materiales y la hice. Tenía 11 años, me salió bastante bien. No tenía tantos detalles, pero estaba bien. Después, a los 15, hice la segunda, y esa ya estaba mejor. Era todo haciendo escala a ojo, pero estaba bastante proporcionada.

Catriel, baterista de Divididos y fanático de San Lorenzo, está haciendo su maqueta del Nuevo Gasómetro

Catriel, baterista de Divididos y fanático de San Lorenzo, está haciendo su maqueta del Nuevo Gasómetro

-¿Las tenés todavía?

-No, dos gatos diferentes que teníamos de mascota en casa, dormían adentro y me las rompieron. La última vi que se iba rompiendo cada día más hasta que la desarmé, guardé todo en una caja y chau. Hasta ahora, en la pandemia, que dije: “La tengo que hacer de nuevo”.

La segunda maqueta del Bidegain que hizo Catriel. Esta la construyó a los 16.

La segunda maqueta del Bidegain que hizo Catriel. Esta la construyó a los 16.

-¿Y cómo viene la construcción?

-Primero intenté conseguir los planos originales. Por medio de Pablito, un amigo, me pude poner en contacto con Claudio Pando (NdeR: junto a su papá, Roberto, fueron los arquitectos del Pedro Bidegain) que me mandó un montón de fotos y algunos planos, pero tampoco tenía los originales. Así que conseguí venir acá, al estadio, y me puse a medir todo, estuve como cuatro horas con mi compañera midiendo con metro y metro láser el alto y el ancho de las columnas, de las tribunas… Y ahora empecé a hacer todo a escala. Pero es un montón de laburo, muy artesanal y lleva tiempo. Antes cuando era más chico tenía más tiempo, ahora tengo que tocar la batería y vivir, je. Pero ahí voy, eh. Ya tengo la base, que es importante, con el césped pegado y las columnas de la Norte.

Catriel, tiempo atrás, tomando medidas para su maqueta en el Bidegain.

Catriel, tiempo atrás, tomando medidas para su maqueta en el Bidegain.

-Pregunta clave: ¿tenés gato?

-No, pero igual hoy cuidaría de que no se rompa, je.

Laburando a pleno: Catriel tomando medidas del Bidegain para la maqueta.

Laburando a pleno: Catriel tomando medidas del Bidegain para la maqueta.

Como un cuento, de una historia más. Catriel dice que de chico, en su casa, era todo fútbol. “En la tele partidos todo el tiempo, íbamos a la cancha, a ver a Argentinos o al que sea. Y siempre fui de armar partiditos con amigos”, recuerda. Tuvo su época de jugador amateur, quienes compartieron cancha con él lo describen como un buen jugador y muy habilidoso, aunque él se reconoce “un poco morfón”. Dice que en el baby jugaba abajo porque “me gusta tener la pelota” y que en cancha de 11 es delantero. Sin embargo, el mundo de la música y el fútbol no siempre van de la mano y una lesión lo obligó a dejar las canchas. “No puedo jugar más. En 2007 me lastimé la mano y fue complicado…”, viaja en el tiempo para situarse en un momento no tan feliz.

-¿Qué pasó?

-Fue tremendo. Había muchas fechas y yo no podía tocar. En algunas me reemplazó Jorge Araujo, el batero anterior de Divididos, y otras se cancelaron. Es jodido, porque aparte jugaba mucho y no es que me lo tomo con mucha liviandad, je. Nunca me fui a probar a un club porque estaba muy copado con la batería, me pasaba el día tocando, pero a la noche me iba a jugar al fútbol con mis amigos.

-Incluso, dejaste el colegio a los 14 y tu última actividad escolar fue un partido de fútbol. ¿Fue así?

-(Sonríe). Sí, un día me pasó a buscar mi amigo Rodrigo y estábamos en mi pieza, cuando pasó mi viejo por el pasillo… Ahí nomás lo encaré y le dije que no iba más a la escuela. Y cuando me preguntó qué iba a hacer, le dije que iba a tocar la batería. Eso sí, le dije que me iba a Gimnasia porque había un partidito que no me quería perder, ja. Así que me fui, jugué y cuando terminé el partido, salí con mis amigos, ellos encararon para la escuela y yo les dije que no iba más y me fui para el otro lado. Esa caminata hasta la parada del bondi fue hermosa, je.

Catriel, sentado en la tribuna local, charlando con Olé.

Catriel, sentado en la tribuna local, charlando con Olé.

-Igual, de algún modo estás ligado al fútbol. Por Divididos tenés varios amigos en el ambiente, hasta un árbitro…

-Sí, el Pato Loustau. Un fenómeno, viene a los shows, tiene la súper onda. Es algo muy loco, pero la vida siempre me acerca al fútbol. Obviamente que hay muchos futbolistas a los que les gusta Divididos y vienen a vernos. Tengo relación con muchos que tocan algún instrumento o me pasa mucho que terminó generando una amistad con gente que me caía bien antes de conocerla como Dani Vega, Franco Bellocq, el Flaco Pellegrino, Damián Albil, Placente, que me caía bárbaro con aquel pase que le dio a Bergessio en 2008… Me pasa que, en cualquier lado, terminó hablando con gente del fútbol. Voy a un hotel, hay un futbolista, y enseguida pego buena onda o que aparece alguno en el camarín después de un show y como soy el único futbolero en la banda, me quedo hablando.

-¿Mollo y Arnedo cero fútbol?

-Y… Ricardo es de Boca porque vive en Argentina y acá había que elegir algún club; y Diego es de River, pero él de chico sí jugaba. Hasta los 15, más o menos, su pasión era el fútbol pero se rompió los meniscos dos veces y así empezó a tocar porque le llevaron un bajo cuando se estaba recuperando. Dicen que era un wing bastante habilidoso, je.

Catriel, durante el último Quilmes Rock. (fotos martin bonetto)

Catriel, durante el último Quilmes Rock. (fotos martin bonetto)

-¿Y en los ensayos de Divididos se habla algo de fútbol o nada?

-Sí, algo hablamos, sobre todo con Diego, cuando juega la Selección. A él le encanta Messi, lo sorprende mucho, y le gustan esos partidos fluidos, cuando tocan y se juega bien. Siempre que hay algún partido importante me pregunta a qué hora es para verlo… Y Ricardo no tanto, por ahí ve a la Selección así medio de refilón y después viene y tira algunos comentarios que decís: “Epa, mirá…”, je.

Todo está muy fácil, si tenés tu propio cielo. A los 11, Catriel Ciavarella descubrió su amor por la batería y se armó una, completamente artesanal, con latas y tachos de helados. Se pasaba el día tocando, como él mismo cuenta, y apenas unos años después nada menos que Ricardo Mollo lo buscó para sumarlo a Divididos, unas de las bandas más legendarias del rock nacional. No fue ese su momento, estuvo cerca de una década tocando en MAM, con Omar Mollo, y luego con Alejandro Sokol y con Érica García, entre otros; para recién a los 24 sumarse a La aplanadora del rock que este fin de semana hará vibrar a su gente en El Teatro de Flores y que está en plena gira, con sus shows habituales y una nueva movida, en horario diurno, para los más peques.

Catriel, el batero de Divididos, en plena charla con Olé.

Catriel, el batero de Divididos, en plena charla con Olé.

-Se puede decir que Mollo fue a pedir la mano a tu casa, je.

-(Risas). Algo así. Pasa que él conocía a mis viejos y me buscó cuando tenía 14 años, les dijo que me iban a cuidar. Pero la verdad es que yo hacía muy poquito que tocaba la batería y esto era después de La era de la Boludez, pleno éxito de Divididos. Fui, hicimos dos ensayos pero a mí me faltaba todo. Evidentemente sí tenía alguna característica, algún don o virtud, llamalo como quieras, pero era muy chico. Ahí fue que me sumé a MAM, Omar -el hermano de Ricardo- estaba buscando baterista y le dijo que me llamara. Estuve nueve años, ahí crecí, me curtí, aprendí, todo… Y después en 2004 me llamaron de nuevo de Divididos y ahí estoy hasta hoy.

-Siempre contaste que desde los 11, aproximadamente, empezaste a ir a ver a Divididos y que era tu banda favorita. ¿Cómo fueron esos primeros ensayos y primeros shows con los que eran tus ídolos?

-Creo que pasó como debe ser en el fútbol, que los pibes llegan y tienen de ídolo a alguien, pero cuando entran a la cancha la tienen que parar y devolvérsela, y si lo tienen que putear, lo van a putear, je. Yo fui irreverente siempre a la hora de tocar y ellos tienen esa cosa de barrio, de no marcar distancias y compartir la música muy a la par, que me facilitó mucho todo y se dio todo como muy natural, sobre todo a la hora de tocar. Después, en el día a día, está esa cosa del respeto. Las primeras veces que iba a ensayar a la quinta era “¡guau, donde estoy!” o me acuerdo que para el primer show que iba a estar yo, estábamos armando la lista de temas y no podía creer que yo les estaba diciendo “El 38 o sábado”.

La aplanadora del Rock en pleno show. (Foto: Instagram Divididos)

La aplanadora del Rock en pleno show. (Foto: Instagram Divididos)

-La última: ¿Un show a estadio lleno con Divididos o jugar diez minutos en Primera a cancha llena?

-Uhh, que hijo de puta, je. Mirá, me pasa algo: re banco al futbolista, los pibes entrenan a full, con profes especiales, en doble turno, hacen un montón de cosas. Pero, a la vez, en muchísimos casos siento que no valoran dónde están. Parece que les da lo mismo, no se dan cuenta donde están y como nos morimos todos los que estamos de este lado por entrar diez minutos ahí. Y lo digo yo que logré algo en lo que también hay un montón de gente que quisiera estar en mí lugar. Me dan ganas de decirles: “Loco, estás en San Lorenzo, o en Huracán, pone el club que quieras. Es enorme donde estás, es único, un sueño… ¡Valoralo! Pasa que el fútbol tiene tanto mercado, que por ahí piensan que juegan dos partidos mal o se pelean con un técnico y no pasa nada, se van, total el representante lo mete en Banfield o en coso, y juega. O sino en el Elche y gana en euros. Lo comparo con la música y no es así, no hay ese mercado. Es todo en un rato, son diez años, matate, dejá un legado. A veces veo esa falta… No sé si hambre es la palabra, falta de querer trascender. Entiendo también que son chicos, yo te aseguro que no soy el mismo hoy que cuando entré a Divididos, ahora valoro todo el doble. Creo que los muy distintos son los que a los 20 años entienden todo…

-Está muy bueno lo que decís, pero esquivaste y no respondiste, je.

-(Sonríe). Diez minutos en un partido sería una cosa… ¡Un sueño! Mi hermano es entrenador de arqueros de Tigre y el otro día fui a ver un partido, entré por la cancha y decía: “Cómo no hay otra vida para también poder hacer esto”. Hasta los 30 más o menos pensaba que por ahí, para un ascenso un ratito, todavía estaba. Ahora ya está, je.

Pato, el hermano de Catriel: músico y entrenador de arqueros de Tigre.

Pato, el hermano de Catriel: músico y entrenador de arqueros de Tigre.

Catriel y su amor por Maradona

“Tengo un amigo, el Pulga, que era muy amigo de Diego y me llevó a varios entrenamientos del Show ball. Eso era antes del 2010, estaba hermoso Diego, y me quedé a comer con ellos más de una vez. Y otra, yo jugaba en un equipo de artistas y un día fuimos a jugar a unas canchitas que inauguró uno de los hermanos de Diego. Ese día jugué en contra de él y armó una jugadita con Pisculichi en un penal, quisieron dar el pase. Había pasado en la semana en un partido y yo lo había visto, y cuando vi que hablaban entre ellos, me di cuenta. Entonces, cuando Diego se la tocó a Piscu, fui y se la saque”.

-¿Y qué te dijeron?

-Diego me miró como diciendo “este es un estúpido”, je. Me queda como anécdota. De Diego no puedo decir nada que no se haya dicho, lo amé y lo amo con esa irracionalidad que nos permitimos casi que solamente con él. ¿Qué se puede decir desde el amor?

-Es más, en algún show tocaste con remeras de él…

-Sí, la verdad es que nunca uso remeras de fútbol para tocar, hay como algo de la estética que no me cierra, pero si alguna vez lo iba a hacer, tenía que ser con una de él. Fue después de que pasó lo que pasó, hicimos un show en streaming y me puse una de la Selección de él y otra de Argentinos, que me conseguí especialmente. La verdad es que hasta el día de hoy no puedo aceptar lo que pasó…

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Catriel, el riquelmista

“Sí, re. Hablando del futbolista, no me voy a meter en esta etapa. Pero yo me volví loco con Román. Olguín, mi padrino, en una época que estaba en Argentinos vino un día y dijo que había un pibe que era mejor que Batista, y lo nombró. Eso me quedó y el día que debutó contra Unión, lo estaba escuchando por radio. ¡Encima, lo que jugó! Debe ser el caso único de un jugador que debuta y juega así. A la noche cuando vi el partido por televisión no lo podía creer y a partir de ahí le empecé a seguir la carrera. Enseguida vino el Sudamericano con la Selección Sub 20 y me enloqueció, en el Villarreal me miré todos los partidos… Lo empecé a ir a ver a la cancha, yo perdí esa irracionalidad del hincha, no le tengo bronca a ningún equipo, es muy loco lo que me pasa con esa parte de fútbol.

-¿Tuviste la oportunidad de conocerlo?

-Sí, un amigo en común me invitó una vez a su casa y comimos un asado; y otra vez, un amigo que jugó con él, también. Esa vez me regaló la remera y me la firmó, pero tampoco tiene la personalidad del tipo que se me va a acercar como me ha pasado con otros futbolistas, pero tampoco pasa por ahí mi idea… Las cosas que yo podría decirle o preguntarle a un tipo como él no alcanzaría con una charlita, je. Soy muy detallista, y su mirada o los aspectos anímicos, cómo reaccionaba ante determinadas situaciones… La segunda vez que lo vi hablé bastante, había más gente, pero le dije muchas cosas. Igual no llegás a indagar todo lo que uno quisiera.

-¿Qué eran las cosas que más te llamaban la atención del Riquelme jugador?

-Como encaraba las cosas y que, en los momentos más grandes, él se hacía más grande. Un tipo de una confianza suprema. Creo que el único momento en que no pudo lograr eso fue en el Mundial, vaya a saber uno por qué, posiblemente porque no pudo. Pero, después, en el Villarreal jugaba con el Barcelona y se hacía más grande; en la Libertadores era enorme, iba a Brasil y era enorme, en la Selección lo mismo…

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“En esta cancha me acuerdo como sufrí esa Libertadores del ’96 con River. Encima el partido que se jugó acá, salimos de la cancha con mi amigo y se nos quedó el Dodge 1500 justo acá afuera, nos quedamos varados hasta la una de la mañana…”.

Crespo protagonista de la serie entre River y San Lorenzo de la Libertadores del 96 fue la primera tapa de Olé.

Crespo protagonista de la serie entre River y San Lorenzo de la Libertadores del 96 fue la primera tapa de Olé.

-Esa serie de San Lorenzo – River fue el primer Olé de la historia. Mirá qué casualidad…

-¡Y yo tengo el segundo! Que también estaba Crespo en la tapa, era como el día después… Es más, en la casa de mis viejos tengo un montón de Olé guardados y etiquetados: de Riquelme, de Diego, de San Lorenzo, de Chilavert, que es otro tipo que me volvió loco. No tengo el primero porque se nota que de bronca no lo quise comprar, je.

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Publicado por Redacción FL

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