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«Con Gallardo ya nos vamos a tomar un café»

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"Con Gallardo ya nos vamos a tomar un café"

La figura de Martín Palermo siempre fue una pesadilla para los hinchas de River. Cada gol que le hizo ese monstruo al CARP entre fines de los años 90 y la década del 2000 fue una daga en el corazón para el colectivo gallina. Pero al mismo tiempo, en paralelo y secretamente, la figura de Palermo era otra cosa: cada uno de sus gritos representó también un granito de arena clandestino para empezar a construir, allá a lo lejos, la gesta más importante de la historia de River y la más dolorosa para la de Boca. ¿Cómo? La respuesta, con todas sus complejidades, es un camino muy largo que conduce a dos goles decisivos durante el Big Bang del fútbol argentino ante los ojos del mundo: los de Lucas Pratto, en la Bombonera sacando del medio y en el Santiago Bernabéu para remontar la final eterna. Y es que fue Palermo el que facilitó directamente su llegada a Boca desde Cambaceres en 2004, pero también fue Palermo el que tapó con cada gol que hizo a Pratto al punto de que el Oso decidiera, después de rebotar en varios préstamos, seguir su carrera fuera del club que lo formó. Una carrera que lo llevó a River, a Madrid y a un presente en el que, ya de afuera, empieza a entender lo que consiguió por la catarata de mensajes que recibió al firmar su rescisión.

A Pratto le escribieron todos. O casi: el mensaje que él esperaba, por ahora no entró en su teléfono.

-¿Alguna vez te pusiste a pensar en que los goles que hacía Palermo y que sufría River eran parte del rompecabezas que te llevó adonde estás?

-Es loco, sí. Martín me llevó al club de chico y me ayudó mucho pero jugaba también. Y con el 9 más importante de la historia era complicado tener una oportunidad.

-Angelici en su momento dijo que no hubiera gastado tanto dinero en un jugador sin poder de reventa. ¿Creés que por cómo se dio tu salida tuvo razón?

Creo que el valor del jugador es lo que el club lo paga. Y a lo que dijo Angelici nunca le di importancia, porque se la daba a ganar títulos como los que conseguimos. Y no fue solamente en Madrid, también fue en Mendoza. Hablar de mí sin conocerme o de un equipo en el que no estaba no fue respetuoso de su parte.

-Gallardo y tus ex compañeros suelen decir que no caen del todo en lo que consiguieron. Hoy que tomaste distancia, ¿te empezó a caer la ficha?

Ahora, desde afuera, te das cuenta un poco más, sí, por el cariño de la gente que sigue en el tiempo. Pero la ficha nos va a terminar de caer cuando no juguemos más. Aunque ya de a poquito se va notando la magnitud de lo que conseguimos.

-¿Esperabas la catarata de mensajes que te llegaron al decirle adiós al club? ¿Cómo te pegó eso?

-Uf, te da un poco de nostalgia, emoción y felicidad, todo junto. Fueron años muy fuertes y todos esos mensajes te pegan.

-¿Te imaginabas que ibas a ser tan querido cuando llegaste?

Siempre imaginás hacer las cosas bien y que el cariño venga de la mano, pero salir campeón de la Libertadores, ganarle la final a tu clásico rival, hacer dos goles… Es algo un poco diferente… La gente tiene un cariño por mí que es recíproco.

-¿Por qué creés que te va a recordar el hincha de River además de por los goles a Boca?

Tengo claro que siempre se me va a recordar por los goles en la final pero también porque en todo momento di el 100%.

-¿Fue difícil irte?

Siempre es difícil irte de un lugar al que querés. Estoy muy identificado con River, quiero mucho a la gente, a mis compañeros y a todo lo que me dio el club. Pero había que tomar una decisión, quería continuidad y también para todos fue lo mejor.

-¿Incluso para Gallardo? Pocas veces en estos siete años una relación con un jugador terminó tan fría.

-La relación terminó normal, no terminó mal. Nuestra relación siempre fue especial, una relación fuerte. Él me enseñó mucho y yo también ayudé mucho dentro del plantel. Siempre fui un poco diferente y tal vez terminé un poco distante por eso. Pero nunca en malos términos.

-¿No creés que le pudo haber molestado que te fueras en una instancia decisiva, tan súbitamente?

-Puede ser. Un entrenador nunca quiere que se le vaya ningún jugador por más que sea uno que no juegue. Pero bueno, yo también había priorizado casi un año y medio a mis compañeros y al club.

-¿Lo que más te molestó es que no se comunicara cuando te lesionaste?

-Sí, pero… A ver: no puedo esperar que la gente se maneje como me manejo yo, o como me hubiese manejado yo. Pero sí, hubiese preferido que me llamara por teléfono preguntándome cómo estaba y que me dijera que no iba a ser tenido en cuenta en vez de enterarme por la dirigencia.

-Durante la pretemporada al Muñeco le preguntaron por vos y, sin hacer una comparación directa, puso de ejemplos a Pinola y Ponzio por su constancia para pelear por el puesto y bancarse ser suplentes. ¿te faltó esa paciencia?

-Escuché algo, pero tal vez el error es ése: comparar a un jugador que está en el final de su carrera con uno al que todavía le quedan seis, siete años de carrera. Ellos han sido muy importantes y un ejemplo entrenándose, pero yo también lo he sido cuando estuve en el plantel.

-Da la sensación de que tienen cosas para decirse en un café.

-Sí, puede ser. Me gustaría. Creo que en algún tiempo nos juntaremos a charlar y ya vamos a tomar un café. Con el lazo que tenemos, que más allá de que no hablemos creo que va a seguir siendo fuerte por todo lo que vivimos, seguramente más adelante tendremos un encuentro.

-¿Aceptás que no tuviste el mismo nivel desde mediados de 2019?

-Sí, obviamente. También es muy difícil encontrarlo cuando jugás 15, 20 minutos. Pero cuando tuve cuatro o cinco partidos seguidos hice cuatro goles en siete partidos y fui de los que más corrió. Porque se hablaba mucho de cómo estaba físicamente y el GPS marcó que era uno de los que más corría: estaba impecable. Pero el fútbol es así, a veces no sos prioridad.

-¿Nunca te arrepentiste de haber jugado lesionado la final de la Recopa?

-No, no. Di todo y lo volvería a hacer, incluso si el resultado hubiera sido diferente lo diría. Porque yo soy así. Nadie puede reprocharme nada. La segunda final con Paranaense me dejó prácticamente sin caminar, al otro día me levanté doblado, ayudándome con un bastón para caminar. Ahí decidimos hacer una resonancia que mostró que era una fractura del sacro. Todos pensábamos que no era tan grave.

-¿Seguís viendo al equipo?

-Siempre, siempre, por la amistad con todos los chicos y porque quiero que River gane todo. Antes del contagio, en el semestre pasado la mayoría estaba volando. Y ahora arrancó como siempre: los primeros dos o tres partidos le cuestan hasta que arranca. Y lo demostró desde Argentinos.

-Y ahora que se viene River-Mineiro, ¿qué hacés?

-Y… Va a ser un lindo partido, ja. Son clubes que quiero, y en los que me quieren, así que bueno, que gane el que mejor juegue la fase, ja. Estuve hablando con Nacho: charlo mucho con él porque somos muy amigos, nuestras familias son amigas, nuestras mujeres, y me dice “me voy de River y juego con Boca octavos de final y ahora cuartos con River, naaa, una suerte”. ¡No puede soltar, ja!

-¿Y vos podés?

-Sí, obviamente. En el futuro sería lindo volver, me gustaría mucho, pero se tienen que dar todas las cosas.

-Hoy en tu puesto sorprende Braian Romero, ¿Cómo lo ves?

Romero es del estilo que le gusta a Marcelo, por la intensidad y la presión. Es bien, bien intenso, y la verdad que tiene unos movimientos bárbaros que me encantan. Ha evolucionado mucho en su juego. El otro día me decían que Crespo le había enseñado cómo moverse y la verdad se adaptó muy bien a esa nueva posición. Y con la trayectoria que tiene y lo dura que fue su carrera, me pone muy contento que le vaya tan bien.

-¿Y a Girotti? Con él tienen algo en común: no son de la tipologíá histórica de los delanteros de River. Y superar eso para vos también fue un desafío.

-Sí, yo lo tomé con naturalidad. Es cierto que hay jugadores que son para ciertos clubes pero por nuestra característica creo que somos de los pocos que estamos hechos para todos los clubes porque nos podemos adaptar rápidamente a cualquier estilo de juego.

-Él es tu pollo.

-Con Fede (Girotti) tuvimos una relación especial porque cuando llegué, él bajó a entrenar con la Cuarta. Me lo cruzaba mucho en el gimnasio y le decía que para lo que necesitara podía contar conmigo. Que se quedara, porque creo que quería irse a Europa sin haber jugado ni un minuto en Primera en ningún club de Argentina. Que tenía la oportunidad de aprender mucho en River, y sobre todo con el momento que estaba pasando el club, uno de los mejores de la historia. Después empezó a hacer goles en Reserva, volvió a entrenarse con nosotros y siempre traté de aconsejarlo. Es un gran pibe y tiene unas condiciones que me encantan: es de esos 9 que te pasan por arriba dentro del área, bien de los de antes. Tiene un futuro enorme.

-¿Cómo estás de la fractura en el tobillo? ¿Para cuándo la vuelta?

-Me queda un mes de rehabilitación. Y después, a hacer una pretemporada. Anímicamente estoy muy bien, trabajando fuerte de lunes a sábado y en línea, porque como sabía que iban a hablar de mi peso contraté a un nutricionista antes que a un preparador físico, Sigo esperando para ver adónde voy a jugar, porque han llamado clubes pero ninguno hizo una propuesta.

-¿Será Mineiro otra vez?

-Siempre es lindo volver a los clubes donde te quieren. Pero hay que esperar…

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